El tráiler. ¿Cómo se hizo?

Hace unos días os explicaba la genial tarde que pasé con los jóvenes del colegio Lola Anglada. Pues bien, uno de ellos me hizo una pregunta interesante: “¿Cómo hiciste el tráiler?”. Y he aquí que me pareció una excelente cuestión, así que decidí que sería bueno explicároslo a todos.

Sin embargo, cuando empecé a escribir esta entrada, se me ocurrió una idea:  ¿Qué tal si, en lugar de pegaros un rollo patatero así a palo seco, fuerais vosotros mismos los que me preguntaseis lo que quisierais saber al respecto?

¡Había llegado vuestro turno! 🙂

Captura empieza el juego tráiler

* * *

(Una semana más tarde…)

Bueno, bueno, bueno… Os veo un poco tímidos… Perdón, a todos no, porque los alumnos del colegio Lola Anglada sí que me han hecho llegar una pregunta a través del correo electrónico (¡Muy bien, jóvenes! ¡Preguntar es de sabios! 🙂 ), y se trata además de una cuestión que dará pie a explicar muchas cosas, así que… ¡preparaos, que voy!

He aquí lo que quieren saber esos chicos y chicas:

¿En qué idea te basaste para realizarlo?

Pues bien, en primer lugar, he de decir que fue mi gran amiga, Esther, la que sugirió que debía hacer un tráiler de John Watson y el joven detective, y me lo propuso antes incluso de haberlo publicado en papel, cuando sólo existía como e-book; a ella, por su parte,  se le ocurrió la idea porque había visto el tráiler de otro libro que le había gustado mucho, “El nombre del viento“, y me lo envió para que lo viera.

Yo nunca había visto un tráiler de un libro, ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que existieran; además, por descontado, no podía soñar ni tan siquiera con hacer uno como el que acabáis de ver, ya que -de momento al menos- no soy capaz de crear animaciones, ni tampoco tengo dinero para pagar a alguien que lo haga por mí.

Sin embargo, me parecía una ocurrencia genial. ¡Tenía que hacerlo! ¡Tenía que encontrar la forma de hacerlo! Sólo necesitaba dos cosas: imaginación, y ponerme manos a la obra. Bueno, y un poquito de ayuda también 😉

Para empezar, era imprescindible tener en cuenta la limitación de que no podría utilizar imagen en movimiento, sino que tendría que conformarme con una secuencia de fotos orquestadas con más o menos gracia y que expresaran los conceptos que yo quería. Por lo tanto, el guión no podría basarse en diálogos, como si fuera el tráiler de una película, sino que debería consistir en unas pocas frases lo más concisas y elocuentes posible y que, combinadas con las imágenes, transmitieran la esencia de la historia (la aventura, el misterio, la amistad), proporcionando a la vez unos datos básicos que ubicaran a los futuros lectores (la época, el lugar, los personajes).

"¿Quién podría enfrentarse a tan terribles amenazas?"
“¿Quién podría enfrentarse a tan terribles amenazas?”

Con esa idea en mente, no tardé ni una hora en tener listo el primer borrador de guión, incluyendo la descripción de las imágenes que acompañarían a la voz. Se lo envié a un par de personas de máxima confianza para que me dieran su opinión y, acto seguido, empecé con la parte visual.

Algunas de las fotos las podría sacar de Internet, o del mismo libro, ya que mi querido amigo José Luis Gutiérrez había dibujado en la portada y los interiores verdaderas obras de arte que expresan con por sí mismas la esencia de la historia, y Sergi Felip, el diseñador de Edicions Xandri, también había hecho un arreglo muy chulo de la cubierta; pero otras imágenes las iba a tener que crear yo misma, como la de Weirdo y John, o la de la jeringa…

Una de las imágenes sacada de Internet (wikipedia.org). Hospital de St. Bartolomew en el siglo XIX.
Una de las imágenes sacada de Internet (wikipedia.org).
Hospital de St. Bartolomew en el siglo XIX.
Una de las ilustraciones del libro, perteneciente a "El misterio del internado". Ilustración por José Luis Gutiérrez.
Una de las ilustraciones del libro, perteneciente a “El misterio del internado”.
Ilustración por José Luis Gutiérrez.

Para esto último, crear algunas de las imágenes, necesité un poco de ayuda, y resultó ser de lo más divertido. Era preciso tener muy claro el resultado final que quería conseguir, buscar el material necesario, montar el atrezzo o encontrar el vestuario adecuado, lograr la iluminación conveniente para cada caso… Y, una vez hechas las fotografías, editarlas.

Creando la imagen de la jeringa.
Creando la imagen de la jeringa.

Como podéis ver, la foto de la jeringa, las agujas y los frascos, la hicimos en el cuarto de baño (¿se os había ocurrido?); los motivos para elegir esa estancia fueron la luz y el fondo que quedaría. La jeringa (de cristal), las agujas y su caja pertenecieron a mi abuelo materno, así que son realmente bastante antiguas; de los dos frascos, el más pequeño contuvo en tiempos una esencia de limón que hice, junto a una de mis mejores amigas, en el laboratorio del colegio. Desde luego, los que hayáis leído ya el libro encontraréis que el puntillo de la esencia de limón tiene su gracia o, como mínimo, os sonará de algo 😉

Me encantó, por cierto, el efecto que consiguió Carlos al hacer la foto, con la punta de la aguja central bien enfocada, y el fondo borroso 🙂

"El peligro..."
“El peligro…”
Weirdo y John. "Dos niños..."
Weirdo y John. “Dos niños…”

Esta imagen de Weirdo y John fue de las más difíciles de conseguir.

Cabe decir que, tal como podéis apreciar en los títulos de crédito del tráiler, se trata nada más y nada menos que de mis hijos. El mayor, que representa a John, es Diego; el pequeño (la pequeña, en realidad), que representa a Weirdo, es Cristina.

Me iba muy bien que Cristina tuviera el pelo algo más largo, ya que así era descrito Weirdo en el libro, pero con esto no iba a ser suficiente para caracterizarlos; sería necesario hacer algunas cosillas más, a pesar de que sólo se vieran las siluetas. Por ejemplo: la ropa y los zapatos de Weirdo tenían que ser grandes, y debería llevar una bufanda; en cuanto a John, quedaría bien que contrastara un poco poniéndole los pantalones ligeramente pequeños. Por otra parte, ambos debían llevar zapatos con cordones, como corresponde a la época, y sería importante que las prendas fueran viejas para que la caída de la tela diera precisamente esa impresión de ropa muy gastada; si os fijáis, incluso se puede distinguir un roto en la rodillera derecha de John…

Creando las siluetas de Weirdo y John.
Creando las siluetas de Weirdo y John.

Como veréis, el estudio de fotografía no fue otro que el comedor de casa, y tuvimos que componérnoslas como pudimos para crear el efecto de contraluz necesario que facilitase después la edición de la imagen para convertirla en siluetas. ¡Ah! Y, si sois observadores, tal vez hayáis reparado en el detalle de que en la foto original Weirdo es más bajito que en la definitiva 😉

Y ya que hablábamos de las vestimentas, un detalle más: consideré importante también que las chaquetas fueran de punto, ya que, en esta otra imagen de aquí debajo, se iban a ver muy de cerca, y ese tipo tejido sería perfectamente compatible con la época.

"La amistad"...
“La amistad”…

Otro fragmento del tráiler que también me dio algún que otro quebradero de cabeza, fue el de “la intriga”, cuando se ve el ojo de Cristina. Es el único vídeo propiamente dicho de todo el montaje, y grabarlo conllevó alguna que otra dificultad, especialmente a la modelo, que tuvo que aguantar inmóvil mientras la flasheábamos un par de veces o tres con una linterna, hasta conseguir un buen primer plano de su pupila contrayéndose.

"La intriga..."
“La intriga…”

Finalmente, una vez tuvimos todas las imágenes necesarias, sólo quedaba montarlas todas juntas en una secuencia, utilizando un programa de edición de vídeo que Carlos me enseñó a manejar, y dándoles algo de movimiento, a la vez que las acompasábamos con la música.

Y esto nos lleva directamente al ese otro aspecto tan importante en cualquier “película”: la banda sonora. He de confesar que en este caso tuvimos mucha mucha suerte, ya que Carlos conoce a una excelente compositora, Raquel García Cabañas,  que nos permitió utilizar e incluso editar uno de sus temas que nos venía como anillo al dedo: Epic Trailer.

Ya sólo nos faltaba la voz. Y, bueno, aprovechando que una servidora hace sus pinitos como actriz de doblaje, pude grabar yo misma en casa las frases del guión, con el programa gratuito de edición de audio Audacity, e incluirlas posteriormente en el montaje de vídeo.

Poniendo la voz.
Poniendo la voz.

El resto del proceso, bueno, ya os lo podéis imaginar… consistió sencillamente en subirlo a YouTube y… ¡publicarlo! 😀

Ahora, echando la vista atrás, el recuerdo que me queda de la semana que tardamos en realizarlo es estupendo; siete días intensos, divertidos, y entretenidísimos, durante los cuales pusimos a prueba nuestro ingenio, creatividad y, muy especialmente, nuestra capacidad de trabajo en equipo. El resultado final, teniendo en cuenta los medios de que disponíamos, fue bastante bueno, en mi opinión… Y a vosotros ¿qué os parece? 😉

 

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