La magia del “Primer Libro”. (O ¿Por qué escribo? Tercera y última parte)

“(…) pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón.”

La Sombra del Viento, de Carlos Ruíz Zafón.

Esta cita, que podría parecer tan solo una frase extraída de una novela, es una verdad como un templo. Es más, no pude evitar tomarla prestada en cuanto la leí, hace unas semanas,  y evocó en mi memoria la imagen de aquel primer libro.

Algunos de mis libros de Enid Blyton.
Algunos de mis libros de Enid Blyton.

El Club de los Siete Secretos.

De Enid Blyton

Ése fue mi “Primer Libro”; el primero que obró verdadera magia en mí; el primero que me enganchó; el primero con el que me identifiqué realmente; el primero con el que disfruté a tope; el primero que no fui capaz de dejar hasta haberlo devorado; el primero que me hizo querer más, y más… Me lo regaló mi tía (¡gracias! 😀 ), la “Chacha” (de la que ya os hablé), cuando cumplí once años y, después de él, fue un no parar; podría decir, sin dudar un solo instante, que señaló claramente un antes y un después en mi afición por la lectura.

Bueno, qué os voy a contar… Los libros de Enid Blyton fueron desfilando por mi vida como churros: Los Siete Secretos, Los Cinco, la Serie Aventura y la Serie Misterio. Llegué a leer muchísimos y, a lo largo de incontables noches de los sucesivos cursos escolares, sus personajes me acompañaron y ayudaron a evadirme, haciendo crecer las alas de mi ya sobradamente estimulada imaginación.

Algunos de mis libros de Sherlock Holmes.
Algunos de mis libros de Sherlock Holmes.

Sin embargo, ya por aquel entonces, otros personajes llamaban profundamente mi atención. ¿Adivináis cuáles? Es sencillamente… elemental. En efecto, se trata de Sherlock Holmes y su querido amigo, el Doctor Watson.

Mi primer libro de Sherlock Holmes (regalo de mis padres (¡gracias! 😀 ) tras alguna insistencia por mi parte), y las películas “El Secreto de la Pirámide” y “Asesinato por Decreto“, me introdujeron definitivamente y sin remedio en el mundo del genial detective. Y no sólo eso: “El Secreto de la Pirámide”, que vi en el cine a los 11 años con la “Chacha”, sería mi película favorita a lo largo de casi una década.

La afición por el personaje creció con los años y, siendo ya adulta, llegué a leerme una colección bastante completa de las historias de Arthur Conan Doyle (regalo de Carlos; Gracias <3 )

El post que desató la locura. Septiembre de 2013
El post que desató la locura.
Septiembre de 2013

Pero no fue hasta hace un par de años cuando un acontecimiento de lo más inesperado, y aparentemente banal, desató la verdadera locura que me llevó enseguida a escribir los libros de Weirdo y John. Mi querida amiga de la infancia, Esther (con la que también había jugado a aquellas historias que me inventaba siendo niña), colgó en septiembre de 2013 un pequeño e inocente post alabando la serie “Sherlock“, de la BBC. Por supuesto, con mi ya avanzada afición por el personaje, no pude evitar verla y… Bueno, a partir de ahí todo fue un auténtico desmadre, compartido siempre entre las tres amigas que nos enganchamos como lapas a la serie.

Los episodios, a cual mejor; las novelas, que volví a leer; el fanart disperso por la red y, sobretodo, las conversaciones y quedadas con mis “frikiamigas”, estimulaban sin tregua mis neuronas, y espoleaban mi imaginación de una forma que no había sentido desde hacía muchos, muchos años. Los personajes, sus personalidades, la relación entre ellos, su época original… Todo ello giraba día y noche en mi cabeza como un torbellino, haciéndome fantasear sobre cómo habrían sido sus vidas de haber existido realmente: su día a día cotidiano, sus historias personales… ¡En algún momento habrían sido niños! Pero ¿qué tipo de niños? ¿Y si se hubieran conocido durante su infancia? ¡Qué genialidad!

Mi cerebro iba a mil por hora recreando, con todo lujo de detalle, la niñez de tan asombrosos personajes, así como una posible amistad entre ellos a la maravillosa edad de 10 o 12 años… ¿Cómo habría sido? Épica, sin precedentes, profunda y extrema; como la del Holmes y el Watson originales, pero impregnada de la espontaneidad, la sinceridad, la frescura, la transparencia y la pasión propias de la edad.

Ooooh… ¡Cómo disfruté! ¡¡Fue como regresar a mi propia infancia y volver a sentir el espíritu de aquellas historietas y juegos callejeros!!

Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que todo aquello conllevaba un grave problema: ¡de ninguna manera podía destruir el magistral primer encuentro entre Sherlock y John, en “Estudio en Escarlata“, haciendo que se conocieran antes!

Vueltas, vueltas, vueltas………………………………………………………

La de vueltas que le llegué a dar al tema…

Y de repente, en plena crisis existencial sobre ese “gran problema”, llegó a mí este vídeo de aquí arriba, un montaje que se me antojó como absolutamente magistral, y que me dio el empujón final que necesitaba.

Ahora ya no era posible resistirse; ya no había remedio alguno para mí. Una imperiosa e incontrolable necesidad de escribir se coló en mi interior, como si se tratara de una especie de enfermedad febril y perniciosa. Tenía que crear una historia sobre Sherlock y John en su niñez. Era sencillamente imprescindible.

Captura de pantalla: Las primeras líneas originales (tal cual salieron de mis manos, sin corrección alguna) de "El misterio de los niños desaparecidos", cuando todavía se titulaba "John y el joven detective". 21 de octubre de 2013
Captura de pantalla: Las primeras líneas originales (tal cual salieron de mis manos, sin corrección alguna) de “El misterio de los niños desaparecidos”, cuando todavía se titulaba “John y el joven detective”.
21 de octubre de 2013

De este modo, el 21 de octubre de 2013, absolutamente inmersa en una inaudita e irrefrenable nube de fantasía, sin pensar, sin haber resuelto todavía el “gran problema”, sin pararme ni un solo instante a considerar si llegaría a acabar aquella historia, sin saber aún lo que estaba haciendo, empecé a escribir; y enseguida le leí en voz alta a Cristina los primeros capítulos del manuscrito original, y luego a Diego y a Carlos; y como les gustaba a pesar de no saber que yo era la autora, seguí escribiendo cada vez con más pasión, con más delirio…

…y ya no pude parar.

Y, colorín colorado, este cuento aún no ha acabado. Porque, cada vez que alguno de vosotros abra “El misterio de los niños desaparecidos”, la magia se consumará; esa fantástica magia por la que los personajes de los libros cobran auténtica vida, al posarse los ojos de un lector sobre las líneas de su historia. Y cada vez que eso suceda, y también cada vez que este libro se convierta, quizás, en el “Primer Libro” de alguien, Weirdo y John renacerán y, gracias a todos sus lectores, seguirán viviendo para siempre.

A todos vosotros, lectores, Gracias.